Entendiendo la EHNA: Factores de riesgo y estrategias de manejo

La esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) es una forma de enfermedad hepática relacionada con el metabolismo que combina acumulación de grasa en el hígado con inflamación y daño celular. En México, es cada vez más frecuente por la alta prevalencia de sobrepeso y diabetes. Conocer los factores de riesgo y las opciones de manejo permite tomar decisiones informadas junto con el equipo de salud.

Entendiendo la EHNA: Factores de riesgo y estrategias de manejo

La EHNA, también denominada esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, se desarrolla cuando la grasa hepática se acompaña de inflamación y lesión de hepatocitos. Con el tiempo, puede progresar a fibrosis y, en algunos casos, a cirrosis. No está causada por consumo elevado de alcohol; se vincula principalmente con factores metabólicos y hábitos cotidianos. Comprenderla ayuda a priorizar medidas alcanzables y a coordinar la atención con servicios locales en su área.

Este artículo es solo con fines informativos y no debe considerarse consejo médico. Consulte a un profesional de la salud calificado para obtener orientación y tratamiento personalizados.

Factores de riesgo de NASH en la vida diaria

La “Descripción general completa de los factores de riesgo de NASH en la vida cotidiana” incluye componentes del síndrome metabólico: sobrepeso u obesidad (especialmente la grasa abdominal), diabetes tipo 2, prediabetes y resistencia a la insulina. También se relaciona con hipertensión, dislipidemia (triglicéridos altos y/o HDL bajo) y sedentarismo. En la vida diaria, patrones alimentarios con exceso de bebidas azucaradas, dulces y alimentos ultraprocesados suman riesgo.

Existen otros elementos a considerar: apnea obstructiva del sueño, hipotiroidismo no tratado, ovario poliquístico, trastornos del microbioma intestinal, y antecedentes familiares de hígado graso. La edad y el sexo influyen, pero la EHNA puede presentarse en adultos jóvenes y en personas mayores. En México, donde el consumo de azúcares añadidos y la inactividad física son frecuentes, atender estos factores en el hogar y el trabajo es clave.

Cómo identificar y controlar la EHNA con su equipo

El proceso suele iniciar en atención primaria con historia clínica, exploración física (incluido perímetro de cintura) y análisis de sangre. Las transaminasas elevadas (ALT/AST) pueden sugerir daño hepático, pero pueden ser normales en EHNA. Su equipo puede solicitar ultrasonido, elastografía por transición (FibroScan) o resonancia para estimar grasa y rigidez hepática. Para estratificar el riesgo de fibrosis se usan calculadoras no invasivas como FIB-4 o NAFLD Fibrosis Score. La biopsia hepática se reserva para casos seleccionados.

El control eficaz integra un plan personalizado con metas realistas. En general, se propone reducir 7–10% del peso corporal para mejorar inflamación; pérdidas mayores pueden favorecer la fibrosis. La actividad física regular, el manejo de la diabetes, la presión arterial y los lípidos, y la revisión de fármacos con su médico forman parte del abordaje. El seguimiento periódico (por ejemplo, cada 3–6 meses al inicio) permite ajustar objetivos. Coordinarse con nutrición, medicina interna o endocrinología, hepatología y psicología facilita sostener cambios y resolver barreras locales de acceso.

Cambios de estilo de vida y tratamientos médicos

Nutrición: priorizar verduras, frutas enteras, leguminosas, granos integrales, pescado, aceite de oliva y frutos secos, con control de porciones. Reducir bebidas azucaradas, postres, harinas refinadas y productos ultraprocesados. En México, se pueden adaptar menús tradicionales: más frijoles, nopales, tortillas de maíz en porción moderada, salsas caseras, y menos frituras y embutidos. Algunas personas se benefician de orientación dietética estructurada y registro breve de alimentos para ganar conciencia.

Actividad física: combinar ejercicio aeróbico (caminar rápido, bicicleta) y fortalecimiento muscular al menos 150 minutos por semana, ajustado a la condición de cada persona. Más allá de la pérdida de peso, el ejercicio mejora sensibilidad a la insulina y marcadores hepáticos. El sueño consistente y el control del estrés apoyan la adherencia.

Alcohol y otras sustancias: aunque la EHNA no se debe al alcohol, su consumo puede agravar el daño hepático; conviene evitarlo o discutir límites seguros con su médico. Evite suplementos o “detox” sin evidencia: algunos pueden ser hepatotóxicos.

Tratamientos farmacológicos: no todas las personas requieren fármacos dirigidos al hígado. En diabetes tipo 2, medicamentos que favorecen la pérdida de peso y la salud metabólica (por ejemplo, agonistas del receptor GLP-1 o inhibidores SGLT2) pueden ser considerados por su equipo. La vitamina E en dosis específicas se ha usado en ciertos adultos sin diabetes y con diagnóstico confirmado, mientras que la pioglitazona puede valorarse en personas con diabetes; siempre bajo supervisión médica por riesgos y beneficios. En algunos países se ha aprobado una terapia específica para personas con fibrosis significativa, y en otros aún se encuentra en evaluación. Las estatinas son útiles y seguras para reducir riesgo cardiovascular en la mayoría de quienes las necesitan.

Procedimientos: la cirugía bariátrica o metabólica puede considerarse en casos seleccionados de obesidad con comorbilidades, cuando el manejo conservador no ha sido suficiente. La decisión debe tomarse con un equipo multidisciplinario y un plan de seguimiento prolongado.

EHNA: factores de riesgo y estrategias de manejo

A modo de síntesis, “Entendiendo la EHNA: factores de riesgo y estrategias de manejo” implica considerar el panorama completo de la salud metabólica. Identifique desencadenantes personales (por ejemplo, horarios irregulares de comida, alta disponibilidad de bebidas azucaradas en el trabajo, o falta de espacios para ejercitarse) y proponga ajustes graduales: preparar colaciones saludables, caminar después de comidas, y establecer metas semanales. El monitoreo de peso, perímetro de cintura y parámetros de laboratorio refuerza el progreso.

La colaboración estrecha con su equipo permite priorizar lo más importante: prevención de fibrosis y protección cardiovascular. Vacunarse contra hepatitis A y B si corresponde, mantener al día la presión arterial, el colesterol y la glucosa, y evaluar periódicamente la rigidez hepática cuando se indique. Para acceder a servicios en su área, puede apoyarse en clínicas de atención primaria, programas de nutrición y grupos educativos comunitarios. El objetivo es sostener hábitos alcanzables y un seguimiento regular, adaptando el plan a cambios en la vida laboral, familiar y de salud.

En conclusión, la EHNA es una condición metabólica común y potencialmente progresiva, pero con alto margen de mejora mediante cambios de estilo de vida estructurados y una atención coordinada. Al identificar riesgos cotidianos, medir avances y ajustar el tratamiento con su equipo, es posible reducir la inflamación hepática y proteger la función del hígado a largo plazo.